Desde los inicios de nuestra nacionalidad, el sueño de nuestros libertadores y padres de las patrias suramericanas ha sido la integración. San Martín, nos decía, divididos seremos esclavos; y Bolívar clamó mil veces por la unidad de los pueblos y naciones de nuestra América mestiza, y convocó a un congreso anfictiónico, que hoy está presente con su pensamiento en cada uno de los que creemos en la integración, en la unidad de nuestra región.
La integración será real en la medida en que la construyamos desde los países y desde todos los sectores. Los procesos de integración ahora avanzan en la medida en que lo hacen los países y en la medida en que lo permite, la correlación de fuerzas políticas comprometidas con una visión integracionista del mundo.
En ese sentido queremos que la salud sea un ejemplo de avance. Nuestras autoridades de salud han comprendido que es imprescindible la integración para enfrentar fenómenos de mas amplio alcance, tales como el calentamiento global y su impacto sobre la salud y la vida; el riesgo creciente de desastres, de enfermedades emergentes y reemergentes, epidemias como el VIH SIDA o la malaria, y muchos otros aspectos. Respecto a la epidemia de la Influenza AH1N1, los planes de contingencia andino y nacionales, desarrollados en coordinación con la OPS durante 2006 y 2007, permiten a los países andinos dar una respuesta articulada, solidaria y eficiente ante una eventual pandemia, así como mejorar la preparación nacional, reducir las oportunidades de infección humana y reforzar el sistema de alerta anticipada, entre otras. Han entendido que en un mundo cada vez más globalizado e interdependiente no bastan las políticas y acciones nacionales restringidas a los límites de fronteras inexistentes cuando de situaciones de salud se trata. La integración y la acción concertada subregional han pasado a ser un elemento fundamental dentro de las políticas de los Gobiernos y Ministerios de Salud.